Krumble buscaba transmitir alegría y sabor con un toque artesanal. A partir de esa idea, construí un concepto visual que combinara calidez y autenticidad. El proceso incluyó una paleta orgánica, tipografía con personalidad y elementos gráficos hechos a medida, todo pensado para reflejar su espíritu casero y conectar con sus clientes.
Para la paleta de colores, elegí tonos vibrantes que reflejan esa alegría y evocan la irresistible dulzura de sus productos.
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